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La (in) disciplina de partido sale cara

diciembre 1, 2009

El artículo 67.2 de la Constitución desliga sin ambigüedades al diputado del mandato imperativo. Esto quiere decir que, en teoría, el diputado es libre de votar en el sentido que él crea sin importar lo que vote el resto del partido. En teoría. A la hora de la verdad, los partidos se las apañan para encauzar a sus diputados más díscolos.

Quien no siga la disciplina de partido se arriesga a tener que pagar una multa. El Partido Popular sanciona con 300 euros, el PSOE lo hace con 600 euros. Se trata de una acción que es norma entre los partidos españoles, a pesar de que se opone al espíritu de la Constitución. Sin embargo, siempre hay diputados que lo asumen y votan en contra de las directrices de su formación política.

Panel de votación del congreso de los diputadosHay pocos, pero los hay. Son famosos los plantones de Celia Villalobos al PP, por ejemplo con la ley del Matrimonio Homosexual. Al final, el comité de Derechos y Garantías responsable de estos asuntos decidió no multarla.

En votaciones puntuales hay partidos que aceptan que sus diputados voten en conciencia. El PNV suele hacerlo aunque en la votación de la nueva ley del aborto no ha admitido discrepancias. CIU, en cambio, sí dio via libre y 8 de sus 10 diputados votaron en contra y otra diputada se abstuvo.

Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de las veces no hacen falta multas ni castigos. Los políticos saben bien que de sus “servicios” al partido dependen su presencia en las próximas listas electorales y su ascenso dentro del aparato del partido. Es el famoso “quien se mueve no sale en la foto” de Alfonso Guerra.

Las malas lenguas dicen que Borrell no repitió como candidato del PSOE a las elecciones europeas por votar en contra de su partido y en contra de la ley de retorno de los inmigrantes que al final aprobó el Parlamento europeo.

En el fondo, se trata de una contradicción del propio sistema. El escaño pertenece al diputado pero éste no es elegido directamente por los electores, sino a través de una lista cerrada que en la mayor parte de los casos ha sido elaborada por la dirección del partido.

Dar rienda suelta a los diputados puede resultar caótico desde un punto de vista organizativo, pero tiene sus ventajas:

  • Obliga a los partidos a no dar por sentado el apoyo de sus diputados y a tener que negociar mayorías más amplias,
  • Los políticos representarían mejor a sus electores,
  • Los electores conocerían el posicionamiento de sus representantes.

La adopción de listas abiertas o incluso un acercamiento al sistema anglosajón de circunscripciones unipersonales ayudarían a resolver ese déficit de representación y darían algo de oxígeno y frescura a las estructuras de los partidos.

Y tú, ¿cómo lo ves?

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