Durante las primarias demócratas en Estados Unidos, el mundo entero disfrutó con la carrera electoral entre dos gigantes: Barack Obama y Hillary Clinton. El imberbe senador, surgido de la nada y armado con un eslogan, “Yes, we can”, derrotó contra todo pronóstico a todo un pope del partido, Hillary Clinton.
Algo así parecía impensable en España, aunque la situación parece estar cambiando. Los grupos políticos del Congreso son, o parecen, un todo monolítico pero esto no es más que un reflejo del funcionamiento de los propios partidos: con un punto oscurantista y casi siempre al servicio de los que ya están arriba.
Y eso que siempre ha sido fácil escuchar a un líder de un partido político cualquiera hablar de lo importante que es la democracia interna para estas organizaciones. Lo difícil era encontrar a un partido político que realmente la aplicara. Al final parece que los políticos sólo hablan de debates internos sanos para el partido cuando les sirve de excusa para las divisiones.
La Constitución exige el funcionamiento democrático de los partidos en su artículo 6. Sin embargo, no especifica el modo, por lo que cada cual lo ha montado de manera que siempre haya, en mayor o menor medida, una participación de las bases. Por eso, los partidarios de la democracia interna en realidad se suelen referir a las elecciones directas para elegir a los candidatos.
Muy conocida es, por ejemplo, la manera en que se eligió a Mariano Rajoy para dirigir el Partido Popular, lo que sus rivales políticos llamaron “el dedazo”. Aunque después fue “votado” por el Congreso del partido, lo cierto es que Aznar lo eligió y el PP acató.
Sin embargo, en el último Congreso popular, celebrado en Valencia hace un año, se aprobaron los nuevos estatutos que contemplan algo parecido a unas elecciones internas. Cualquiera con 100 firmas puede ser candidato pero tiene que conseguir el apoyo de los compromisarios que a su vez se eligen por listas abiertas. El elegido es candidato a la Presidencia y también dirige el partido.
Zapatero sí puede presumir de haber sido elegido por el partido y encima de haberse impuesto a un peso pesado como José Bono. Fue, sin embargo, una elección indirecta y por mayoría simple. En 1998, el PSOE llevó a cabo sus primeras y únicas elecciones primarias para elegir al candidato a la Presidencia del Gobierno.
Josep Borrell y Joaquín Almunia se disputaron aquellas elecciones. Por aquel entonces, Almunia era el secretario general y quien más posibilidades tenía. Fueron unas auténticas primarias en la que participaron los afiliados al PSOE. Ganó Borrell contra todo pronóstico lo que supuso una fractura enorme en el partido.
Desde entonces, el PSOE no ha celebrado primarias para elegir candidato a las elecciones generales porque cuando Zapatero se presentó en 2008 no hubo candidaturas alternativas. Además, para las elecciones municipales de 2007 suspendieron las elecciones primarias en la confección de las listas por una cuestión de “estrategia”.
Dentro del resto de partidos nacionales, Izquierda Unida tampoco tiene un sistema de elección directa de sus candidatos, que son determinados por una votación en el seno de Consejo Político Federal. Así fue elegido recientemente Cayo Lara.
El partido de Rosa Díez, UPyD irrumpió en la escena política con la intención de “promover la democracia interna de los partidos”, según sus estatutos. Últimamente parece que hay mucho desencanto entre las filas del partido y algunos dirigentes, como el fundador Mikel Buesa, se han marchado poniendo en duda la existencia de esa democracia interna en el seno de UPyD.
Sin embargo, en noviembre, el partido celebra su I Congreso y por primera vez se elegirá a la nueva dirección con el voto directo y secreto de todos los afiliados. Hasta ahora, los órganos de dirección eran elegidos por los 500 delegados de la Asamblea.
Otro partido en el que se elige de una manera inequívocamente directa a sus dirigentes es Esquerra Republicana de Catalunya. De hecho, tan asambleario es el sistema que les ha costado ser acusados de “poco serios” por muchos de sus contricantes en las recientes elecciones que dieron la victoria a Joan Puigcercos.
Es evidente que la democracia interna entraña riesgos de estabilidad para los partidos. Sin embargo, es un signo inequívoco de que se confía en la inteligencia y la capacidad de decisión de los afiliados, se fomenta su participación y obliga a los dirigentes a bajar a la tierra que pisan sus bases.
Enlaces relacionados:
- Democracia interna en los partidos políticos (Ángel Fernández, 17/04/2008)
- Democracia interna 2.0 (eadminblog.net, 8/06/2008)
Tags: Democracia, democracia interna, elecciones primarias, ERC, IU, Partidos, PP, PSOE, UPyD



En los partidos políticos no se elige al mejor preparado, sino al familiar o conocido que puede devolverte el favor (permisos de obras y aperturas, puestos en la administración, esa hija que tenemos todos) el cual se coloca en un puesto de trabajo, con altas remuneraciones y poca responsabilidad.
Se requiere: facilidad de palabra , un poco de hipocresía y un don innato para mentir y decir a todo el mundo lo que quiere oir , aunque vaya en contra de tus propias ideas.
Todos los compromisarios se juegan su puesto si el líder que los ha puesto pierde, así que el que se sale del tiesto tiene los días contados en el partido.
Es muy difícil que el que tiene que cambiar las cosas las cambie a costa de perder su puesto de trabajo.
“en noviembre, el partido celebra su I Congreso y por primera vez se elegirá a la nueva dirección con el voto directo y secreto de todos los afiliados. Hasta ahora, los órganos de dirección eran elegidos por los 500 delegados de la Asamblea.”
Dos matices:
(i) voto secreto y directo, pero electrónico. Salvo por lo que tiene de cebo propagandístico, ¿por qué, para qué?.
(ii) Hasta ahora los órganos de dirección en UPyD han sido decididos por muy pocas personas. En el I Congreso de UPyD -¡congreso fundacional, dos años después de fundado el partido!- los afiliados sólo podrán votar listas completas y cerradas al Consejo de Dirección, siendo el resto de órganos decidido por los 500 delegados.
Saludos cordiales.